
A mi fiesta de cumpleaños le pusieron nombre :
"Queremos voar contigo"
Un apoyo incondicional y firme se me queda para siempre. Tanto cariño que no sé cómo dar las gracias para que se entienda lo feliz que me hicísteis todos y cada uno de los que participásteis en la sorpresa, de la forma que fuera.
Me llevo imborrables en la hoja de ruta todos esos momentos, miradas, sonrisas, palabras... Sois los mejores amigos del mundo, amigos de los de verdad, de los que existen. De los que ESTÁN, de la forma que puede cada uno y a su manera, pero siempre estáis.
Volar conmigo, hoy por hoy, significa acompañarme en un viaje raro y sin retorno.
Un viaje en el que hay muchas, muchísimas turbulencias. En el que no sabes nunca nada del aterrizaje, vuelas a ciegas, inconscientemente, y te dejas llevar por la vida.
A veces te rodean las gaviotas y no entiendes el porqué ni sabes cómo apartarlas para poder SEGUIR.
Otras veces, simplemente, no comprendes nada de lo que está pasando. Porque ni siquiera la señora piloto sabe de qué va todo esto... Sólo intuye, sospecha o cree que.
Quiero comunicarles que mi estado emocional en este momento, es, digamos que "inestable". No es que me esté volviendo loca de atar, pero las circunstancias me obligan a viajar con los sentimientos a flor de piel, haciéndose imprescindible un cambio de actitud y buscar los fallos, más que nada para no volver a cometerlos y eso... Y también que cuesta entender y aceptar determinadas cosas.
Así que discúlpenme si alguna vez en esta temporada no pido pista de aterrizaje para descansar, si ni siquiera paro a repostar(les), si les parezco borde en ocasiones, o si vuelve la mujer cactus de vez en cuando...
Mis motivos tengo y aunque no son por todos conocidos sí son lo suficientemente serios como para que se me tome en serio.
De momento vuelo rasante.